Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos

Este espacio natural destaca, además de por su fauna y flora, por su atractivo paisaje, con variaciones altitudinales que oscilan entre los 600 y los casi 2.400 metros. Debido a estas variaciones de altitud, nos encontramos con tres ecosistemas característicos: el bosque de ribera; el bosque caducifolio o de ladera y, por último, el ecosistema alpino o de alta montaña, formado por piornales serranos y pastizales alpinos. Todo este enclave montañoso da lugar a la aparición de diferentes torrentes y gargantas que desembocan en el río Jerte: Garganta de San Martín y Garganta de los Infiernos, que recibe el agua de la Garganta de la Serrá, Asperones y Garganta Chica o del Collado de las Yeguas. Los Pilones es el punto de mayor atracción y visitas de la reserva.

En sus tramos altos recibe los nombres de garganta de los Tres Cerros y garganta de la Serrá, siendo alimentada por las gargantas de Asperones, Collado las Yeguas, garganta de Riscoencinoso e infinidad de arroyos que cuartean el lomo de las sierras. Las máximas altitudes se alcanzan en la cuerda de los Infiernillos (2.281 m.) y el Cerro del Estecillo (2.290 m.) que rodean a la garganta de la Serrá, antiguo valle glaciar que quedó modelado por los hielos cuaternarios.

Los Pilones

Desde la zona de los Arenales, en la entrada a la Reserva Natural de la Garganta del Infierno, nos encontramos con el Centro de Interpretación de la Reserva desde donde parte el sendero que nos lleva a Los Pilones.
Si el Valle del Jerte es un jardín de cerezos y agua cristalina, el paraje de “Los Pilones” es el templo donde el agua ha labrado una escultura de pilas, bocines, formas lobuladas que se transfiguran con el cambio de luz. Cada pilón iene su chorrera espumosa que lo llena de burbujas y lo anida al pilón anterior. Disfrutar del baño recorriendo sus pilones y toboganes, acompañados por libélulas y truchas invisibles se convierte en un gozo infantil y un singular privilegio que te garantiza un día feliz.

La Vera y el Monasterio de Yuste

Esta hermosa tierra fue elegida, como último destino, por un gran viajero, el emperador Carlos V, buscando, tal vez, una aproximación al prometido Paraíso. No en vano, algún cronista había ubicado aquí los campos elíseos. Y es que en La Vera toda la belleza se reúne, desde las nevadas cumbres de Gredos hasta la fértil vega regada por el Tiétar, plasmada en una amplia diversidad de paisajes.

Qué buscarían aquellos ojos cansados en esta recóndita tierra: la luz serena de sus bosques, la música inefable del agua rota en las gargantas, el perfume multicolor de las dulces primaveras... Todas las tierras de Europa un día ambicionadas, condensadas finalmente en un rincón de Extremadura. Todas las batallas, detenidas finalmente en la paz inabarcable de estos campos y en el lento latir de la vida de sus pueblos.

Fue un último viaje; quizá el mas duro de todos, pero era preciso para lograr finalmente la paz.

Monasterio de Yuste

Situado en la comarca de La Vera, a 2 Km. de Cuacos de Yuste. Une a su importancia artística, su proyección histórica por haber sido la última morada del Emperador Carlos V. Se conserva junto al Monasterio, la residencia del Emperador, con muebles y objetos artísticos del monarca.

 

POBLACIONES DE INTERES
Pasarón de la Vera Garganta de la Olla
Cuacos de Yuste Valverde de la Vera
Villanueva de la Vera

El Valle del Ambroz y el Barrio Judío de Hervás

El bosque se sublima y agota la paleta de ocres en un último esfuerzo de belleza antes del invierno. Es el otoño y su magia deslumbrante erramándose
por las laderas de Traslasierra, con sus múltiples matices bajo el sol tibio de noviembre, cuando en las cumbres de Pinajarro ya se encarama la nieve. Inolvidable experiencia estética que se espera cada año, compartida en la afamada “Marcha” senderista que recorre estos bosques sagrados, donde viejas leyendas parecen tomar cuerpo en cada recodo del sendero brumoso y míticas presencias se insinúan en los rayos de sol que logran filtrarse en la espesura.

Después vendrá el invierno y la nieve limpia los campos y borra los colores del paisaje, como en un intento de poner fin para empezar de nuevo a trazar, por mano divina, todos los rasgos y líneas de los montes y los valles. La nieve, pura y blanca, nos llama con su silencio grande y sordo a las solitarias cumbres de Sierra de Béjar, o nos lanza al bullicio alegre de las modernas pistas de esquí para el disfrute de este hermoso deporte en La Covatilla.

Barrio Judío de Hervás

Declarado Conjunto Histórico Artístico, muestra la belleza arquitectónica heredada de la cultura sefardí. Hoy perteneciente a la Red Nacional de Juderías, sus callejuelas y arquitectura de entramado de madera de castaño y adobe, hacen de este conjunto uno de los más importantes de
España.

POBLACIONES DE INTERÉS
Hervás
Baños de Montemayor
Segura de Toro
Abadía

Plasencia, ciudad monumental

Plasencia no es sólo una ciudad sino todo un territorio: el que conforma junto a las sierras y los valles que la circundan. Puerta de entrada a la naturaleza, al paisaje humanizado, a la grandiosidad de espacios luminosos abiertos, a la cultura y a la tradición rural viva de sus pueblos, a las cumbres nevadas de Gredos, a los bosques de robles y castaños, a las aguas cantarinas de ríos y gargantas...

La ciudad de Plasencia está ubicada en el centro de un enclave natural excepcional enmarcado por el Parque Nacional y Reserva de la Biosfera de Monfrague y las sierras meridionales del Sistema Central. Este territorio es de los mejor conservados de Europa y sólo el paraje de Monfrague alberga hoy una de las mayores concentraciones de vida salvaje del continente europeo.

Fundada en el siglo XII por el rey Alfonso VIII, bajo el lema “Ut placeat Deo et hominibus”, en plena frontera bélica entre las tropas cristianas y
musulmanas, se alza orgullosa a orillas del río Jerte. Fieles cortesanos de Alfonso VIII, de los Reyes Católicos, del emperador Carlos V, de Felipe
II, convirtieron a Plasencia en centro de una cultura cosmopolita, con centros educativos como el colegio de los jesuitas o las cátedras de filosofía y Moral de los conventos de dominicos y franciscanos, monasterios, seminarios, bibliotecas...´´

Con el paso de los siglos, se fue convirtiendo en lugar habitual de transacciones agrícolas, comerciales y ganaderas, guardando entre sus tradiciones medievales, atractivas ferias, fiestas y singulares mercados como el que se celebra a principios del mes de agosto con el nombre de Martes Mayor, declarado Fiesta de Interés Turístico Regional. Plasencia como fértil espacio de relación y de intercambios con el territorio, resultado de procesos seculares y costumbres, también de excelentes servicios, se ha convertido en el centro económico y cultural del Norte de Extremadura.

Parque Nacional de Monfragüe

A medio camino entre las ciudades monumentales de Plasencia y Trujillo, sobresale sobre la vasta penillanura una línea de viejas sierras, redondeadas por el paso del tiempo, surcadas por las aguas del río Tajo: es el Parque Nacional de Monfragüe. Este paraje natural es el genuino epresentante del ecosistema mediterráneo y alberga hoy una de las mayores concentraciones de vida salvaje del continente europeo.
El parque se caracteriza por ser una gran mancha de monte mediterráneo perfectamente conservado, que alberga una importante riqueza animal y vegetal, con más de 280 especies de vertebrados y unas 348 especies vegetales. Esto es posible gracias a la combinación de laderas cubiertas por bosque impenetrable y farallones cuarcíticos con amplias extensiones de dehesa y zonas húmedas, que posibilita abundancia de refugios para la fauna. Entre las especies en peligro de extinción más representativas, destacan el buitre negro, con más de 200 parejas, constituyendo la mayor colonia del mundo; el águila imperial, con 11 parejas; y la cigüeña negra, con 30 parejas. En cuanto a mamíferos en extinción, destaca la presencia del lince ibérico. Fue declarado Parque Natural en 1979 y Parque Nacional en 2007.